Junta de Constitución de la Comisión de Arqueología

El 17 de septiembre de 1937 celebró la Comisión de Arqueología su Junta de Constitución. Tuvo efecto el acto en el Museo Arqueológico Luis Montané, de la Universidad de la Habana. Previamente habían designado sus representantes en la Comisión las corporaciones que se indican en el Decreto Presidencial que creó el nuevo organismo. A esta junta de constitución acudieron arqueólogos de los lugares más distantes de la isla: así el Sr. García Feria, de Holguín, que posee una de las más importantes colecciones privadas de Cuba, y su hijo, el Sr. García y Grave de Peralta, que vino de Santiago de Cuba, el Dr. Felipe Pichardo Moya que vino de Camagüey, etc. Presidió la Junta de Constitución, el ex Presidente de la República Dr. Carlos Manuel de Céspedes, representante de la Academia de la Historia en la Comisión. El Dr. Chacón y Calvo saludó a los miembros de la Comisión con las siguientes palabras:

Señores Miembros de la Comisión Nacional de Arqueología:

No es a mí, forastero en las graves disciplinas en las que sois maestros, a quien cuadra exponer las líneas generales del programa de la Comisión de Arqueología, que hoy celebra su junta de constitución. Mis palabras solo quieren expresar la profunda gratitud de mi ánimo por la colaboración generosa y docta que prestais a la Dirección de Cultura en uno de sus más altos propósitos: el de reanudar la tradición, el de afirmar nuestra realidad espiritual contemporánea en un cabal sentido de nuestro pasado histórico, en la conciencia misma de nuestros orígenes nacionales. Ayer no más se fundaba en torno al maestro universal de la filología , el doctor honorario de esta Universidad don Ramón Menéndez Pidal, nuestro primer Seminario de Investigaciones Históricas; en los mismos días se creaba la Comisión Nacional de Folklore; hoy el vasto programa de reconstrucción abre uno de sus capítulos esenciales al crearse por Decreto Presidencial la Comisión Nacional de Arqueología.

Se constituye a los treinta y cinco años de fundada la República. Se constituye cuando gran parte de nuestro tesoro arqueológico ya no se encuentra en Cuba. Nace con humildad desde el punto de vista de los recursos materiales, como si la austera pobreza fuese aliada inseparable de nuestros empeños científicos. Pero no importa. Hay una realidad espiritual innegable en este simple hecho de que un grupo de especialistas, dispersos en las distintas regiones de la República, representativo de diversas tendencias en las disciplinas arqueológicas se congregue en este Museo de la Universidad, y se aperciba a continuar en un orden corporativo los trabajos que individualmente, con heroísmo cotidiano, sin estímulo de ninguna clase, había venido realizando hasta ahora.

Vasto es el programa de las futuras labores. Habréis de elaborar el primer proyecto de una ley de Monumentos históricos, que frustre todo empeño de restauración torpe o de ignara destrucción de nuestro arte colonial. Habréis de poner en vigor el Decreto, que prohíbe la exportación de nuestro tesoro arqueológico. Habréis de investigar en los lugares más diversos y de sistematizar las investigaciones realizadas para que el inventario de nuestra riqueza arqueológica tenga una verdadera base científica. Y habréis de sentir, señores, que nada de lo que se investigue es pequeño, ni circunstancial, ni accesorio, porque cada uno de nuestros trabajos ha de referirse, en último término, de una u otra manera a nuestra tierra cubana, es decir, a lo entrañable y vital del alma misma de la patria.

En esta junta de constitución, que tuvo un quórum nutridísimo, se designó el Consejo de Gobierno, que aparece en otro lugar de este número. A propuesta del Dr. Salvador Massip se acordó ofrecer una comida en honor de los arqueólogos que vinieron a la Habana desde provincias, los señores Grave de Peralta, García Feria, Pichardo Moya y García Valdés. Esta comida, que fue una afirmación más de la solidaridad de los estudiosos de estas disciplinas, se celebró al día siguiente de la Junta de Constitución que reseñamos.

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