Las aventuras de Ulises en los Cayos de Piedra

Las aventuras de Ulises en los Cayos de Piedra

Por: Racso Fernández Ortega
Especial
para Cuba Arqueológica

Por estos días La Habana vivía en plena efervescencia pues se movía al compás de las actividades culturales organizadas con motivo de la XXII Feria Internacional del Libro Cuba ´2013, que en esta ocasión está dedicada al 160 aniversario del natalicio de José Martí Pérez, el más excelso representante cubano de las letras.

En el abultado programa de la feria estaba previsto que el viernes 22 de febrero a las 11 de la mañana se presentara en la sede de la Sociedad Cultural José Martí el título “Aventuras en los Cayos de Piedra”, del autor espirituano José E. ChirinoCamacho y la Casa Editora Abril.

Figura 1.- Imágenes del panel durante la presentación

El Lic. José E. Chirino Camacho es un espeleólogo de larga data, que ha dedicado muchos años de su vida a las investigaciones arqueológicas en su tierra natal y muy particularmente en el Parque Nacional Caguanes y la cayería norte de la provincia Sancti Spíritus.En la actualidad se desempeña como Director del Grupo de Estudios Arqueológicos y Paleontológicos adscrito al Centro de Servicios Ambientalesespirituano.

La presentación del libro estuvo a cargo de Osvaldo Jiménez Vázquez,investigador del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana, amplio conocedor de la región que sirve de escenario a los protagonistas de la novela y amigo personal del autor de la obra en cuestión.

Como reflejara el colega Osvaldo Jiménez en sus palabras, la novela resulta un digno homenaje a los prestigiosos Dres. René Herrera Fritot, Manuel Rivero de la Calle, Antonio Núñez Jiménez y Ramón Dacal Moure, quienes desde la década del 40 de la pasada centuria con su conocimiento, pasión y entrega sin límites por la ciencia, contagiaron a una pléyade de jóvenes que hoy son destacados y reconocidos investigadores en diferentes ramas del saber; como José Chirino, que dedica su tiempo libre a escribir sus memorias noveladas para, de la misma manera, atraer y sensibilizar a las nuevas generaciones de la riqueza y belleza de la naturaleza cubana.

Figura 2.- Entre el público asistente familiares de los protagonistas, colegas y amigos del autor

La propuesta es una novela de aventuras para adolescentes y jóvenes en la que se utiliza como recurso la ficción, para recrear hechos y personajes reales muy vinculados a la interesante y apasionada vida de “Chirino”, como le nombramos los amigos.  En el libro los lectores descubrirán el apasionante mundo que se le devela al joven Ulises durante su visita a los Cayos de Piedra, así como las dificultades a las que se tendrá que enfrentar en compañía de los restantes protagonistas avezados conocedores de los secretos del monte y la mar.

La obra muestra una composición y edición realizada a dos manos entre Mabel Suárez Ibarra y Mónica Orges Robaina las que supieron combinar experiencia e intrepidez logrando un producto final de excelencia. Por su parte las bellas y genuinas ilustraciones de la flora y la fauna de nuestro archipiélago estuvieron a cargo de Rafael Borroto Galbes y Yuri Díaz Caballero.

A la hermosa y emotiva velada asistieron familiares de los reales protagonistas de la historia que se cuenta; personas cuya amistad con el autor se forjó en la manigua durante muchos años como miembros de la Sociedad Espeleológica de Cuba y colegas conocedores del experimentado y locuaz escritor que ha resultado José E. Chirino Camacho. Resulta imprescindible destacar entre los asistentes al prestigioso arqueólogo Alfredo Rankin Santander, que como dijera el autor de la obra presentada, fuera uno de los que guió su andar por el conmovedor y excitante mundo de la arqueología.

Figura 3.- El autor junto a los colegas y amigos que asistieron a la presentación del libro en la Sociedad Cultural José Martí

Nos complace poder adjuntar a nuestro artículo las hermosas y conmovedoras palabras del amigo Osvaldo Jiménez Vázquez durante la presentación de la obra literaria.


Buenos días

Ante todo, quiero agradecer al hermano y colega espirituano José Eusebio Chirino Camacho el confiar en mi persona para presentar su novela Aventuras en los Cayos de Piedra. A tono con la hermandad que existe entre el autor y quien les habla, ningún lugar mejor que la sede de la Sociedad Cultural José Martí para este acto, pues fue el Apóstol quien dijo “Subir lomas hermana hombres” y en esas lides aventurescas nació la hermandad entre Chirino y yo. Como aquella hermandad que existió entre Martí y Eduardo Hidalgo Gato, este último oriundo de Santiago de las Vegas como yo.

Esta novela es un texto de comprensión sencilla y disfrute esencial, tanto para aquellos, que como Chirino, hemos vivido incontables aventuras como arqueólogos y espeleólogos, como para quienes gustan de saber las aventuras de otros.

En 12 capítulos distribuidos en 210 páginas recorreremos junto al abuelo, el nieto Ulises y la avezada tripulación de El Manatí, un maravilloso entramado de cayos localizados más allá de la costa septentrional de la provincia de Sancti Spiritus. De esta guirnalda de cayos conoceremos secretos guardados durante milenios en sus cuevas, historias perdidas del indio Siboney, quien dejó allí enterradas sus voces, sueños y dolores. Decenas de siglos atesorados verán la luz y despertaran la curiosidad de Ulises al observar, y tocar, las pictografías de la Cueva del Chino, en Cayo Lucas, así como instrumentos de trabajos y otras reliquias del Pasado precolombino encontradas en otras cuevas como la de Los Niños de Cayo Salinas.

También nos acercaremos a la vida de gentes humildes de la Cuba prerrevolucionaria como Jino Heredia, carbonero y pescador de Cayo Caguanes, así como de otros hombres que desgastaron sus años en los cayos, entre la pobreza y la agreste naturaleza que los alimentó y cobijó. Muchos de esos hombres dejaron sus huesos entre el diente de perro insular, carcomidos por el salitre y el sol.

Esta novela es un poema épico a lo real maravilloso al estilo carpenteriano, un canto al idilio que se forjó entre el autor y ese trozo de su patria chica, de su micromundo Yaguajayense. Veremos en sus páginas alusiones a bellos componentes de nuestra fauna y flora como aves, reptiles, mamíferos, árboles como el Ébano Carbonero, casi a punto de extinguirse por la explotación tradicional y el abuso de los contemporáneos, quienes aún a sabiendas, son capaces de lucrar a costa de la desaparición de especies, para mostrar su lujo hogareño o llenar sus estómagos insaciables.

El episodio de los cazadores de aves trae a mi mente un breve poema que escribí hace unos años, intitulado Requien Aeternum, y que con vuestra venia me permito leer.

Requien Aeternum,

Tañer constante de campanas,
Partida sin regreso hacia lo ignoto,
Es el futuro posible de la fauna
Manos que laceran, hachas y sierras que no paran
También el bosque muere en su silencio,
Así cual sangre corren incontenibles los ríos de la savia.
Hoy gimen ellos,
Mañana lloraran quienes les matan,
Sus hijos no tendrán bosques hermosos,
Sus nietos morirán sin una patria,
La patria desolada que no es patria,
Sino solo polvo, rocas y falacias,
Falacias de concreto,
El futuro de la nada.

Volviendo a temas más agradables, observaremos como Ulises, el nieto, se enfrenta a un mundo casi desconocido para el, como el Ulises u Odiseo homérico, y el abuelo le trasmitirá su conocimiento, sus experiencias. Aquellos que son abuelos, como Chirino y yo, podrán sentir el amor hacia el nieto, el espíritu protector del más viejo, la sabiduría añejada, atributos que son desconocidos para los que son padres en primera generación, y a veces criticados por ellos.

Asistiremos a aventuras enternecedoras como la de la madre manatí salvada y dando a luz; la pesca de un gran “peje”, remedo en menor escala del lance de El Viejo y el Mar. De igual forma, sabremos sobre los enormes murciélagos pescadores, los más grandes de nuestra fauna y únicos quirópteros que consumen este tipo de vertebrados.

Este texto es, a la vez, un homenaje a figuras insoslayables de la ciencia cubana, como los doctores René Herrera Fritot, Manuel Rivero de la Calle y Antonio Núñez Jiménez, aquellos que dieron a conocer las primeras noticias sobre las riquezas arqueológicas, espeleológicas y naturales de estos cayos. En particular, el abuelo destaca la obra del Dr. Antonio Núñez Jiménez, Padre de la espeleología cubana, cuarto descubridor de Cuba, de la Cuba epigea e hipogea, principalmente esta última, la que descansa debajo de nuestros pies y que al decir de Miguel Rodríguez Ferrer en 1876 en su libro Naturaleza y Civilización de la Grandiosa Isla de Cuba:

Parecía ser la isla entera, por debajo, un laberinto de cuevas y cuyo suelo reposa sobre una prolongada bóveda.

Núñez Jiménez inició y trazó el camino, y tras sus huellas el autor y muchos otros hemos experimentado la aventura de la ciencia, aquella aventura de un 15 de enero de 1940, que luego de veinte años y una revolución, hizo que el futuro de Cuba fuera necesariamente de hombres de ciencia.

Chirino bebió de la fuente de Núñez Jiménez, compartió con él múltiples exploraciones y se convirtió en un hombre de ciencias. Si hubiera sido de otra manera, quizás el abuelo no hubiera trascendido el marco geográfico de Yaguajay, no hubiera potenciado su talento, y Ulises solo sabría hoy de hornos de carbón, del duro diente de perro bajo sus pies, de la sobreviviencia; y el paraíso de los Cayos de Piedra sería para el un infierno dantesco sin mañana. Por suerte, no fue así, y hoy podemos disfrutar Junto a Ulises, el abuelo y la tripulación del Manatí, de las Aventuras en los Cayos de Piedra.

Muchas gracias.

Osvaldo Jiménez

Premio WEB

Theme by Danetsoft and Danang Probo Sayekti inspired by Maksimer