Nuestros orígenes indígenas

Por Juan Carlos Martínez Cruzado

El 20 de febrero, El Nuevo Día resaltó los recientes hallazgos de un grupo científico encabezado por Hannes Schroeder, de la Universidad de Copenhagen, que determinó la secuencia de bases del genoma de una mujer que existió aproximadamente entre los años 776 y 992 DC en la Isla de Eleuthera, en las Bahamas. Aunque la evidencia arqueológica sugiere que los taínos no surgieron hasta unos 500 años después de la existencia de esta mujer, la tradición cultural de la cual ella era parte es identificada con un origen suramericano que llegó primero a Puerto Rico para luego expandirse al resto de las Antillas Mayores y desarrollarse en la cultura taína con sus distintas manifestaciones regionales. Los análisis de estroncio demostraron que esta mujer creció en las Bahamas, por lo que podemos concluir que fue parte de esa expansión, conocida como la expansión ostionoide en memoria del yacimiento arqueológico en Punta Ostiones, Cabo Rojo, que definió esa cultura.

El estudio puso a prueba y fortaleció de forma independiente y mediante el estudio de ADN antiguo las conclusiones a las cuales nuestro laboratorio en el Recinto Universitario de Mayagüez había llegado a base de estudios con ADN moderno, comenzando con los de ADN mitocondrial en 1999: que una porción sustancial del ADN de los puertorriqueños era de origen indígena y que esa porción indígena, por su abundancia, sus marcadores y su baja variabilidad, tenía que haberse originado de los taínos de Boriquén.

Para su análisis, los científicos tomaron las secuencias genómicas de 104 puertorriqueños, enmascararon las partes que pudieron identificar como de origen africano o europeo, y compararon las secuencias restantes con las de la mujer de las Bahamas, así como con las de docenas de tribus americanas modernas. Encontraron que las secuencias puertorriqueñas no africanas ni europeas se asemejaron más a las de la mujer de las Bahamas que a las de cualquier tribu americana moderna. Igualmente, encontraron que las secuencias de la mujer se asemejaron más a las secuencias puertorriqueñas que a las de cualquier tribu americana moderna. Es decir, la relación entre nuestros genes indígenas y la mujer representativa de la expansión ostionoide fue mayor que la de cualquiera de los dos con cualquier tribu moderna. Estos resultados son especialmente impactantes porque dentro de las tribus americanas modernas que se compararon hubo tribus que hablan lenguas de la familia arahuaca, familia a la cual pertenecía el lenguaje de nuestros taínos. De hecho, las tribus modernas de mayor semejanza a la mujer de las Bahamas fueron las de lenguajes arahuacos, lo cual sugiere que los ostionoides en expansión hablaban un lenguaje arahuaco. Todo esto demuestra la estrecha relación entre nuestros ostionoides, nuestros taínos y nosotros mismos.

Es importante aprender otra lección. Estos valiosos conocimientos no se habrían alcanzado sin el trabajo de base hecho por científicos puertorriqueños y sus estudiantes. Ya hablamos de los estudios arqueológicos anteriores y de los estudios de nuestro laboratorio con ADN puertorriqueño moderno que produjeron las hipótesis de este estudio. A ellos hay que añadir que las 104 secuencias genómicas puetorriqueñas que utilizaron para las comparaciones estuvieron disponibles a los científicos gracias al Proyecto 1000 Genomas, un esfuerzo internacional para el cual nuestro laboratorio y el de la Dra. Julie Dutil de la Universidad de Ciencias de la Salud de Ponce recolectamos las muestras de sangre de esos 104 voluntarios durante el 2009. En estos tiempos en que la investigación científica en nuestro país se ve amenazada por la crisis en la Universidad de Puerto Rico, seamos conscientes del valor que para nuestro pueblo tienen los estudios que se hacen allí.

Fuente: https://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/nuestrosorigenesindigenas-columna-2402470/

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