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Felipe Pichardo Moya (1892 - 1957)
Nació en Puerto Príncipe, Camagüey, Cuba,
el 18 de octubre y falleció en La Habana, Cuba, el 30 de marzo. Arqueólogo, Abogado y Poeta. Realizó diversos y valiosos estudios relacionados con la arqueología aborigen
cubana. Se destacó además en los campo del periodismo y las letras. Cursó el Bachillerato en el Instituto de
Segunda Enseñanza de La Habana, entre 1907 y 1912. Se graduó de Doctor en Derecho en la Universidad de
La Habana (1916). En 1917 regresó a Camagüey, donde en un inicio ejerció como abogado, tras lo cual pasó a
desempeñarse como profesor de literatura del Instituto de dicha ciudad, en el que ocupó el cargo de Director
poco tiempo después; de igual forma, ejerció como profesor en la Escuela Normal para Maestros de Camagüey.
Desde los 15 años componía versos, y muy joven aún publicó en el periódico Cuba: ”La Amiga Muerta”. Con
posterioridad, dio a conocer “La Ciudad de los Espejos”, así como sus estudios acerca de “El Espejo de
Paciencia”; de aquellos años fueron también “El poema de los cañaverales”, y “Canto de Isla”. Uno de sus más
conocidos sonetos fue el de “La Garza”, y entre sus conferencias sobresale la titulada: “Los poetas de ayer
vistos por los poetas de hoy”, la que dictó en el Ateneo de La Habana. Fundador, junto a José María Chacón y
Calvo, de la Sociedad Filomática, ha sido considerado como uno de los precursores de la poesía negrista en
Cuba.
Trabajó como periodista en la revista Avance, y fungió además como Jefe de Redacción del periódico Gráfico, y
como redactor del Heraldo de Cuba; colaboró además en otras publicaciones tales como: Cuba
Contemporánea, Revista Cubana, Actualidades, Bohemia, Carteles y El Fígaro. Durante algún tiempo se
desempeñó como Director de Cultura en la Secretaría de Educación, así como Director de Gobierno del
Tribunal de Cuentas de la República.
Desde el punto de vista científico, su vida estuvo consagrada a los estudios referidos a la prehistoria de Cuba,
en actividades de campo y de gabinete, especialmente en el territorio de la antigua provincia de Camagüey.
Promovió las labores colectivas en esta disciplina, y recomendaba trabajar tanto en el gabinete como en el
laboratorio. Consideraba que el arqueólogo no debía ser un simple coleccionista de piezas, sino un estudioso
del material hallado, para lograr su adecuada catalogación en las culturas aborígenes. Sus trabajos evidencian
la total dedicación de su autor a la actividad profesional, y sus características personales como un investigador
sumamente acucioso.
Entre sus publicaciones más importantes referidas a los estudios sobre culturas aborígenes, merecen
mencionarse las siguientes: “El Camagüey precolombino” (Revista Bimestre, 1934), Una visión de prehistoria
cubana (1936), “Zonas indoarqueológicas en Camagüey” (Revista de Arqueología y Etnología, 1939), De
nuestro pasado aborigen (1943), “Los caneyes del sur de Camagüey” (Revista de La Habana, 1944), Caverna,
Costa y Meseta (1945), Cuba precolombina (1949), y Los aborígenes de las Antillas, editada por el Fondo de
Cultura Económica de México en 1956. En los 11 capítulos de este último e importante libro, abordó en detalle
la vida de los aborígenes de dicha región, el medio físico circundante, las evidencias arqueológicas, y una
cronología india de las Antillas.
Formó parte de prestigiosas sociedades culturales y científicas, tales como: la Academia de la Historia de Cuba,
la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, la Academia de la Lengua (filial de la española), la Sociedad
Espeleológica de Cuba, y el Ateneo de La Habana. Su obra constituye un hito fundamental para quienes se
adentren en los estudios de la prehistoria de Cuba, especialmente en lo referido a las culturas aborígenes y sus
localizaciones.
Felipe Pichardo Moya: su vida y su obra. José Álvarez Conde
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